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Adriana Alberte- Motivación y Activación Pre-Partido

Adriana Alberte dando una charla sobre liderazgo.

En el fútbol, y en el deporte en general, tanto los aspectos psicológicos como emocionales tienen una gran influencia sobre los jugadores, de forma que, tanto el éxito como el fracaso, vienen dados de la combinación entre las capacidades físicas (fuerza, resistencia, velocidad y flexibilidad), técnicas (dominio y control del balón), tácticas (habilidades de ataque y defensa) y psicológicas
(personalidad, motivación, activación, concentración…) (García-Naveira, A. & Remor, E.; 2010).

A la hora de afrontar un partido importante, en especial una final de playoff de ascenso como la de hoy, hay dos variables psicológicas que no podemos olvidar: la motivación y la activación.

La motivación va a permitir crear y mantener un impulso que será la gasolina del juego, entendiéndola como el origen dinámico del comportamiento ya que, al fin y al cabo, según su etimología, procede del latín motivus o motus que significa la ‘causa del movimiento’. Mientras que, la activación, es un factor vinculado a la energía, tensión y excitación que presentan los deportistas: no es cuestión de
estar activo o inactivo, es cuestión de en qué grado es necesario que lo estén teniendo en cuenta la necesidad demandada y el desgaste que acarrea mantener un alto grado durante un tiempo prolongado.

Teniendo en cuenta esta contextualización, vamos a entrar en el núcleo del asunto. Existen dos momentos clave que, como entrenador, puedes aprovechar para llegar a la activación y motivación, encenderlas y controlarlas: la charla prepartido y la charla del descanso. Por norma general, la primera es más extensa, tiene un significado más organizativo: cuál es nuestro objetivo, cómo lo vamos a
afrontar, recordar lo que hemos estado preparando para este partido, etc.; mientras que la segunda se centran más en ofrecer un feedback a los jugadores e instrucciones concretas sobre modificaciones para el segundo tiempo del partido.

Se ha postulado una estructura erguida en 4 momentos para las charlas prepartido (Borgstrom, 2020):
               1. Inicio (3’): Objetivos e importancia del partido. Estos primeros minutos nos ayudaran a que los jugadores se concentren y consigamos su atención.
               2. Aspectos del rival (5’): Recordar cómo juegan, las tácticas que suelen emplear y la forma en que hacen frente a los partidos.
               3. Aspectos propios (5’): Qué vamos a hacer para contrarrestar los aspectos del rival y cómo vamos a gestionar el partido.
               4. Fase motivacional (3’): Transmitir seguridad y confianza. La última frase siempre debe ser inspiradora.

Con esto lo que vas a conseguir es tener un primer control sobre las emociones. A veces conseguirás activar a los jugadores y en otras ocasiones tranquilizarlos.  En los casos más extremos de sobreactivación, es recomendable reservar unos minutos de esa charla previa para realizar alguna técnica de relajación, como puede ser el control de la respiración o la técnica de relajación muscular
progresiva. Lo más importante es que el control lo tengamos nosotros, no las emociones.

Las charlas de descanso tienen otro planteamiento, el eje central debe ser el de ofrecer una retroalimentación a los jugadores. Tienes que tener en cuenta que, en este caso, vamos a contrarreloj. Hay 15’ de descanso y, contando con los traslados, el tiempo se ve reducido a 12’ o 13’, en el mejor de los casos. Esto no quiere decir que tengas que llegar al vestuario y vomitar un montón de información a los jugadores que no sean capaces de procesar, o hablar durante todo ese tiempo. Lo más recomendable es ser conciso, utilizar información concreta y directa, saber qué es lo que quieres decir y asegurarte de que esa información llega, para ello:

                  1. Reunión del staff técnico. Todos los miembros del cuerpo han visto y analizado el partido desde su punto de vista profesional, todos tienen un aporte de interés que ofrecer y eso te ayudará a proporcionar un feedback más enriquecido y completo.

                  2. Charla con los jugadores en individual o por pequeños grupos. Expresa lo que se requiere de él o ellos, o lo que sería deseable para el segundo tiempo. Céntrate en dar información sobre las tareas y recuerda que la culpa compartida pesa menos, por lo que es más fácil hacerle frente.

                  3. Charla con el equipo. Evita las discusiones o caer en bucles que no van a aportar nada, plantea soluciones. Controla el tono de voz y el lenguaje no verbal. Si notas algo extraño en los jugadores habla con ellos personalmente al salir del vestuario para asegurarte de que han entendido el mensaje correctamente. Muestra la máxima seguridad y optimismo posible y, recuerda, la última frase siempre debe ser inspiradora.

En conclusión, los mensajes deben ser claros, breves y precisos. Evita ser repetitivo. Es contraproducente cargarlos de información, sobre todo si es vacía o innecesaria. Se trata de captar la atención de los jugadores, darles información para mejorar el juego, cargarles las pilas y sacarlos al campo enchufados. Reconstruye las frases para que, siempre que se pueda, sean positivas. Recuerda todo el trabajo, esfuerzo y logros conseguidos, más que los errores cometidos. Haz que el sujeto del mensaje sea ‘nosotros’, y si debes dar un tip negativo a un jugador hazlo de forma individual, no delante de todo el grupo. Eleva el tono de voz (no grites) en aquellos puntos de información que quieras hacer más énfasis. Y, habla de emociones, genera un sentimiento común que mueva y unifique a todos los miembros del equipo.

Recuerda, los partidos terminan cuando el árbitro pita, hasta entonces todo es posible.

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